Analísis de la poesía “El Maestro” de Manuel Ortiz Guerrero (Por el Lic. Filemón Espinoza)

EL MAESTRO

 De Manuel Ortiz Guerrero

Sobre las oscura loma y en el seno baldío

De la noche, el maestro prendió lumbre de amor;

Las tristes mariposas del sueño y del hastío

Llegaron una a una sedientas de fulgor

 

De pulsaciones áureas, sobre la oscura loma

Su lumbre era como corazón del capuz..

Y a los pies del maestro cayóse una paloma

Que extraviada anduvo por la noche sin luz

 

A poco muy cansada, llegóse una cierva, mansa,

Perseguida en su fuga de incógnito pavor,

Y que viera en la loma la encendida esperanza

Con que velaba a solas el sabio del amor.

 

Después, los hombres, vieron que en el seno baldío

De la noche, el maestro levantaba su luz

Y en el alba, los hombres ateridos de frío,

Clamorosos llegaron en loca multitud.

 

Desventurados hijos de la noche: el más pobre

De los pobres mortales-les dijo-¿ qué pedís?

-El misterio nos pasma con su humedad salobre

Y del miedo y de frío NOS venimos a ti..

 

El piadoso maestro, desgarrado de pena,

En voz baja murmura: Es tan grave el dolor

Del vivir en tinieblas que el misterio envenena,

Pero el que dan las luces es diez veces mayor.

 

1919

 

Comentario

Analísis de la poesía “El Maestro” de Manuel Ortiz Guerrero (Por el Lic. Filemón Espinoza)

Un poema que destaca la labor del maestro como asesor espiritual de quienes de alguna manera no están a gusto en su piel, de los olvidados de qué son, de quienes quieren encontrar una brújula para orientar su vida.

 

El maestro, como ser humano al fin, no escapa a  las grandes limitaciones y con humildad, que viene a ser su verdad, se siente también vulnerable  y en estado de urgencia de contar también, desde su  propia situación,  con la palabra adecuada que garantice su búsqueda de felicidad plena en su mundo.

 

Para ello, Ortiz Guerrero, como todo gran poeta, recurre a un lenguaje lleno de metáforas que embellecen y extienden el horizonte de interpretabilidad  de su obra, en este caso, El Maestro.

 

Entonces para tomar la senda que le parece habrá de aproximarle  a la figura del Maestro en sus atributos esenciales, recurre a conceptos antitéticos, es decir, a palabras con  significaciones opuestas como quien dice: el bien y el mal, el día y la noche,  cielo   y tierra, hambre y hartazgo, vida y muerte, experiencias gratificantes y experiencias frustrantes…

 

Así,  en la línea señalada como ejemplo, Manú recurre a expresiones como,  oscura loma y lumbre de amor,   noche sin luz, tinieblas y luces

 

Comentario

 

-I-

 

Sobre la oscura loma y en el seno baldío

De la noche, el maestro prendió lumbre de amor;

Las tristes mariposas del sueño y del hastío

Llegaron una a una sedientas de fulgor.

 

Ya en la primera estrofa, el poeta se refiere a la noche no como fenómeno físico.  Quiere al contrario significar el sentimiento de indeterminación, de falta de claridad en la vida del hombre, la noche como el momento de la pesadilla e inseguridad que siente la persona en algún momento de su vida y quiere recuperar esa claridad perdida.

 

Entonces, recure al maestro que prendió lumbre de amor: hablar de lumbre es hablar de conocimiento que generosamente, -con amor-ofrece el maestro, capaz de iluminar con su sabia palabra  ese mundo interior del discípulo, ofuscado en su vida. Y como dice Sócrates, hay enfermedades que se curan con la palabra.

 

Las tristes mariposas del sueño y del hastío..llegaron una a una sedientas de fulgor.

 

Almas  heridas por el hastío, es decir, por no encontrar sabor en la vida, desgarradas en su ser y como una nave  a punto de naufragar, lanzan su S.O.S y claman su grito de socorro en la noche y visitan al maestro, con la sed de una fresca palabra  que ilumine sus vidas.

 

El hastío viene a ser lo que la filosofía llama Tedium vitae, es decir, el aburrimiento, el asco por la vida.

 

Se dice que Casiano,(360-435), sacerdote, asceta, fue el primero que  habló del hastío y le llamó acidia,  una especie de pereza en el plano espiritual y  en la que caen ciertos monjes y que se caracteriza por no encontrar algunos de  ellos satisfacción espiritual en su vida religiosa ni sentido alguno en la oración, en la lectura de las salmos, en la adhesión a una fe que le exige renuncias y rigurosas penitencias.

 

Las tristes mariposas…¿Por qué mariposas? Sabemos por ciencias naturales que  ellas son el resultado de una metamorfosis, de un proceso que arranca de la oruga, crisálida, para finalmente llegar a ser lo que son. Para los antiguos, la mariposa es símbolo de renovación, de búsqueda de salida de una tumba.

 

Las tristes mariposas.. Estas almas heridas qué buscan sino un cambio en sus vidas, una especie de resurrección, de recuperación de ese paraíso perdido por alguna circunstancia en el transcurrir de su transitar en este mundo.

 

El psicoanálisis moderno ve en la mariposa un símbolo de renacimiento, de cambio en la vida

 

-II-

 

De pulsaciones áureas, sobre la oscura loma

Su lumbre era como corazón del capuz..

Y a los pies del maestro cayóse una paloma

Que extraviada anduvo por la noche sin luz

 

De nuevo la lumbre en la oscura loma y una paloma que cae a los pies del maestro, extraviada en la noche sin luz.

Otro miembro más  de la comunidad de seres humanos marcado por el sufrimiento, por el sentimiento de su precariedad, de hallarse transitando en un callejón sin salida, tal vez, se echa a los pies del maestro en la búsqueda de una palabra luminosa que le genere esa paz interior, el justo modo de vivir, de comportarse, que le  proporcione ese remedio que la presencia misma del maestro, cargada de sentido, imprima nuevo derrotero a su vida.

¿Por qué la figura de la paloma? Para los antiguos, la paloma simboliza al alma en vuelo hacia el cielo, como este peregrino que extraviado( extra viam= salirse del camino),busca reformular su vida y se encomienda a la terapia  motivadora del maestro cuya palabra le dará el coraje para truncar los lazos con un pasado que quiere olvidar.

 

 

A poco muy cansada, llegóse una cierva, mansa,

Perseguida en su fuga de incógnito pavor,

Y que viera en la loma la encendida esperanza

Con que velaba a solas el sabio del amor.

Esta vez una cierva con la encendida esperanza en el sabio del amor.

 

Una persona en crisis, en busca de alguien, de un consuelo, de una vía de salida, equipada y fortalecida con la encendida esperanza en el maestro.

Como se dice, no es el médico el que cura a sus pacientes. La verdadera medicina tenemos dentro de nosotros mismos y es la esperanza de sanación  que como pacientes depositamos  en el profesional y es precisamente la virtud que acompaña a este hombre junto al maestro: una encendida esperanza, que es como decir, la seguridad plena espiritual en la posibilidad de lograr su expectativa de días mejores, de desmarcarse de ese incógnito pavor, de miedo a todo, de incertidumbre, de angustia que paraliza todo proyecto de vida.

 

 

 

 

 

Después, los hombres, vieron que en el seno baldío

De la noche, el maestro levantaba su luz.

Y en el alba, los hombres ateridos de frío,

Clamorosos llegaron en loca multitud.

 

El  maestro, antes que nada,  es un hombre y como tal,  con todas las limitaciones, también él menesteroso, falible, llevando a cuesta sus tinieblas, sus oscuridades en cuestiones existenciales, vacío tal vez en su propia intimidad, parece declinar en su voluntad de servicio a su semejante

Esta circunstancia moviliza a una multitud de hombres que han abierto sus almas al maestro que con su genuina e iluminada palabra les ha alentado a enfrentar sus vidas con más entusiasmo, les ha canalizado en sus respetivos afanes de vivir con mayor plenitud, para  seguir creciendo y realizando esa aspiración a ser todo lo que limitación les impedía ser más.

 

El maestro, sorprendido les pregunta:

Desventurados hijos de la noche: el más pobre

De los pobres mortales-les dijo-¿ qué pedís?

Y  la respuesta, a vuelta de correo, como se decía antes:

 

-El misterio nos pasma con su humedad salobre

 

Y del miedo y de frío NOS venimos a ti..

 

Una respuesta que le sirve en bandeja  al maestro, para descargar con extraordinaria sinceridad, la tensión y angustia  acumuladas en su alma y como en un diván de un psicoanalista o ante el cura de Ars, o  ante un Gurú que aleja las tinieblas, que trae la luz en la oscuridad de la ignorancia, se confiesa así con total humildad:

 

 

 

El piadoso maestro, desgarrado de pena,

En voz baja murmura: Es tan grave el dolor

Del vivir en tinieblas que el misterio envenena,

Pero el que dan las luces es diez veces mayor.

 

 

He mirado al fondo de mi alma y he  comprendido que soy también un cuerpo enfermo que debe ser curado, un espíritu con un cúmulo de historias, de experiencias festivas, de sentimientos encontrados y de dudas como todos ustedes. No tengo el monopolio de la verdad pese a correr tras ella  con la pasión de un sabueso.  He sido un pertinaz observador de vidas en peligro, de vidas destruídas, desaprovechadas, malgastadas y de alguna manera he puesto mi palabra al servicio de todos ustedes y ojalá hayan visto que en  fondo del oscuro túnel, hay una luz,   un fogón para abrigar el alma de alguna manera y echar andar una especie de  reingeniería que nos devuelva el gusto por la vida.

 

Y recordar, la plegaria de Sócrates que figura en el Fedón de Platón:

“Querido Pan y todos los dioses de este lugar, concededme que llegue a ser hermoso en mi interior”.