¿Cómo se diferencia la ‘desgracia’ de la ‘catástrofe’?

El Primer Ministro Británico Benjamin Disraeli, más conocido como conde de Beaconsfield o lord Beaconsfield, que a lo largo de su vida política y de escritor se destacó por su oratoria; catalogado como el mejor orador de la Cámara de los Comunes. Por otro lado, los biógrafos de Disraeli lo describen como un hombre sumamente social, de gusto fino y caro, con ropas de moda. En su faceta de escritor, había publicado más de veinte obras que no reunía los estándares literarios propios de la Era Victoriana; sin embargo, obtuvo mucho éxito como literario.

Si bien, se lo recuerda como uno de los mejores ministros británicos; en un momento dado, alguien le pregunta cuál es la diferencia entre “desgracia y catástrofe”. A lo que responde: “Lo entenderá usted enseguida: Si Gladstone (William Ewart Gladstone rival político de Disraeli) cayera al río Támesis y se ahogara, eso sería una desgracia; pero si alguien lo sacara del agua, eso sería una catástrofe”.

Resulta particularmente interesante esta anécdota política ocurrida en el Siglo XIX en contraste a lo acaecido días pasado sobre el juramento en el Senado. Tal parece que la jugada política ―más bien el bloque anticartista― versó en la profunda comprensión catástrofe y desgracia. La desgracia, estimo, es que Nicanor Duarte Frutos no jure como Senador de la Nación; ya que si Nicanor hubiese jurado, sería la catástrofe.

¿Pero catástrofe para quién? La pregunta obviamente es retórica. En la Cámara de Diputados se siguió (también) esa misma idea: el cartismo en desgracia y que nadie lo saque del río Támesis, para que no se vuelva una catástrofe contra los demás.

¿Se imaginan si la sesión extraordinaria convocada en el mismo día por el electo Presidente del Senado, Beto Ovelar, se hubiera concretado, a pesar de que no podían hacerlo? Tal vez el nuevo tratamiento sería salvar a Nicanor antes que se ahogue en el río Támesis; una vez a salvo, sería una catástrofe para la Senadora Mirtha Gusinky, por un lado, y para la institucionalidad, por el otro. En otro supuesto: suponiendo que Nicanor haya jurado, luego, existiendo un precedente legislativo, Cartes pretenda jurar una vez culminado su mandato, ¿sería una catástrofe para Mario Abdo Benítez?

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Autor entrada: Carlos Alberto Valdez