El oxígeno que faltaba a nuestra democracia

El oxígeno que faltaba a nuestra democracia

Desde que la Corte Suprema de Justicia diera a conocer, mediante el Acuerdo y Sentencia N° 1306/13, que la información pública no debe ser restringida a ningún ciudadano (a pesar de que la misma no se hallaba reglamentado). De esta manera, ciertamente, se sentaba las bases de un precedente histórico.

El caso en cuestión tuvo tal impacto que, para Edison Lanza (relator especial para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derecho Humanos), lo llevó a afirmar que “la información de interés público es el oxígeno de la democracia”.

Posteriormente, en cuanto a la existencia de una ley reglamentaria, aclara que: “La ley es necesaria pero no suficiente para parir una cultura de transparencia, mas sin ella difícilmente logremos sentar el principio general de que toda información en poder del Estado le pertenece al pueblo”.

La expresiones de Lanza, de alguna manera, pronosticaba el posterior desarrollo que llevaría al pueblo paraguayo no solamente a contar con una ley que reglamente el artículo 28 de la Constitución Nacional, sino más bien en que la “cultura de la transparencia” no se hacía presente en los funcionarios de altos cargos.

Es así que, por ejemplo, la (dudosa) terna conformada para la elección de Fiscal General de Estado, no se supo cuáles fueron los motivos que los llevaron a concretar a los miembros del Consejo de la Magistratura, dado que ninguno de los ternados cumple con los requisitos exigidos.

La tensión creció cuando comenzaron a publicarse los audios filtrados por el Diario ABC color. Gracias a estas publicaciones, se tiene indicios de lo que era secreto a voces. El Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, que la mayoría de la ciudadanía no tenía conocimiento de las funciones que la misma cumple, era el poder opresor de la justicia.

De los implicados, entre ellos el exsenador Óscar González Daher, no fue sacado de la lista de Senadores por el Partido Colorado; tampoco fue “cortado sus manos” por el Presidente de la República, Horacio Cartes, que “prometió cortar la mano a los corruptos”.

La falta de cultura de la transparencia no solamente la tiene Horacio Cartes, sino también algunos Magistrados, Jueces, Fiscales y Ministros de Corte que se vieron envueltos, de alguna manera, por la filtración de los audios.

En definitiva, ni la Corte Suprema de Justicia ni los demás poderes del Estado pudieron “parir una cultura de la transparencia”. Solamente instruyéndonos de las funciones estatales lograremos “parir” un nuevo país, basado en la transparencia de los actos o fuentes públicas.

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